OMETEOTL, ETERNA DUALIDAD CREADORA
Yo soy la Sabiduría, y estoy desposada con el Perfecto Invisible.
Mi Eterno Esposo me poseía en el principio de su camino y mucho antes de sus obras.
Eternamente Él tuvo el principado, desde mucho antes del sol, las estrellas y la tierra.
Antes de los abismos, fuimos engendrados Él y Yo por nosotros mismos, que surgimos de nuestra propia vida eterna.
Antes que fuesen los mares de las muchas aguas.
Antes que los montes fuesen fundamentados.
Antes que las nebulosas, madres de soles y estrellas.
Cuando nacían de Él y Yo eternos, los cielos que se tendían como doseles sobre los abismos.
Cuando dábamos mandato a las nebulosas, para que dieran a luz sus hijos los astros radiantes, que corren como corceles de oro, carreras vertiginosas sin encontrarse jamás. Él y Yo eternos, ya estábamos unidos.
Él y Yo eternos, nacimos juntos. Nos engendramos a nosotros mismos y vivimos eternamente en amor.
El Universo todo, es de Él y Mío; y lo conozco como conoce el hombre los dedos de su mano.
Yo, Sabiduría, esposa del Eterno Invisible, amo a los que me aman y me buscan en el albor de su vida, y me buscan hasta el borde del sepulcro.
Y mi Eterno Esposo, me permite darme a los que me aman, porque mis velos de luces y de sombras, les deslumbran y no pueden herirme, ni dañarme, ni tocarme. Sólo les es permitido verme, como a la imagen reflejada en la fuente.
Variedad infinita son los soles y estrellas que pueblan los abismos, como variedad infinita son las vidas que pueblan soles y estrellas.
De aire, agua, fuego y polvo, fueron hechos los mundos en la noche Eterna, en que dormían los abismos, hasta que el Eterno Invisible y Yo nos engendramos en soberano connubio y fuimos, y nos amamos, y esparcimos como racimos de frutos maduros, los soles y las estrellas para moradas eternas de los que en las edades futuras debían ser nuestros amadores, nuestros hijos, nuestra continuación, nuestra propia vida prolongada y renovada hasta lo infinito.
No hay arriba ni abajo, no hay base ni techumbre, no hay principio ni fin en las obras nacidas de Él y Yo eternos. Es lo ilimitado.
Vida, fuerza, movimiento, vibración, sonido y silencio, eso sólo hay y habrá para siempre jamás.
Y todo ello, envuelto, penetrado por el fluido vital de la Luz, que es el gran velo de oro que nos cubre a entrambos Eternos, que damos vida y más vida a todo cuanto vive, sin que nuestra fuerza de vida se disminuya jamás.
Hombre terrestre: como tú fuiste desde tu principio, como eres y como serás, fueron, son y serán todos los seres que pueblan todos los globos que ruedan como burbujas en los abismos del infinito.
Soy la Sabiduría, la eterna amada del Eterno Invisible, y Él me permite revelarme a los que me aman y madrugando me buscan.
Hombre terrestre: purifica tu corazón, si buscas que yo te ame. Sólo el limpio de corazón puede verme.
No te encierres en el huevo negro depositado en el pantano, como el cocodrilo, que sin moverse espera la presa para devorar: así es el fanatismo y la soberbia.
Él y Yo eternos, te hemos dado tres alas poderosas: Entendimiento, Memoria y Voluntad. Agítalas en la inmensidad y nos encontrarás y nos amarás, y encenderás tu lámpara en nuestra luz, y vivirás la verdadera vida que es el Conocimiento.
Paz y Amor para toda la Eternidad.
Tlazohkamati, OMETEOTL

Fuente: Orígenes de la Civilización Adámica, Ed. Kier