Paganismo, politeísmo y la base teológica del genocidio continental
La historia oficial rara vez explica que la invasión del Anáhuac no fue solo militar, sino profundamente teológica. No se trató únicamente de espadas, arcabuces y caballos, sino de una interpretación religiosa impuesta que permitió justificar el despojo, la violencia y el exterminio de pueblos enteros.
Uno de los errores más graves —y con consecuencias históricas irreversibles— fue la clasificación de los Mexicas y otros pueblos originarios como politeístas y paganos, categorías que no correspondían a su cosmovisión, pero que encajaban perfectamente en la mentalidad europea de finales del siglo XV y durante todo el siglo XVI.

Europa cristiana y el problema del “otro”
A finales del siglo XV y durante el siglo XVI, Europa vivía bajo un orden profundamente religioso. El cristianismo no era solo una fe: era el eje que definía la ley, la política, la moral y la legitimidad del poder. Todo aquello que no encajara en ese marco era visto como inferior, erróneo o peligroso.
Cuando los europeos entraron en contacto con los pueblos del Anáhuac tras 1492, no intentaron comprender su pensamiento espiritual. No escucharon, no dialogaron, no preguntaron. Clasificaron.
Desde su mirada, cualquier sistema espiritual que no reconociera al Dios cristiano era automáticamente etiquetado como idolatría.
Teotl no era “dioses”
Para los pueblos nahuas, Teotl no era un “dios” en plural, ni un conjunto de entidades separadas al estilo del panteón grecorromano. Teotl era la energía sagrada que da origen, movimiento y sentido al universo.
Conceptos como Ometeotl, la dualidad creadora, expresaban una comprensión profunda del equilibrio cósmico: masculino y femenino, luz y oscuridad, vida y muerte, movimiento y reposo.
Las llamadas “deidades” eran manifestaciones simbólicas de esa fuerza sagrada, no ídolos a los que se adorara de manera literal. Pero los conquistadores no estaban preparados para entender símbolos, metáforas ni pensamiento abstracto indígena.
Del error conceptual al crimen teológico
Este error de interpretación no fue inocente. Al considerar a los pueblos del Anáhuac como paganos, se activó una lógica muy clara dentro del cristianismo medieval:
Los pueblos paganos podían —y debían— ser conquistados para su propia salvación.
Así, la confusión espiritual se convirtió en argumento moral, y el argumento moral en licencia para invadir, someter y destruir.
Las Bulas Alejandrinas: legalizando la conquista
En 1493, el papa Alejandro VI emitió las llamadas Bulas Alejandrinas, entre ellas la más conocida:
Inter Caetera (4 de mayo de 1493)
En este documento, el Papa otorgó a la Corona española el derecho de tomar posesión de territorios habitados por pueblos no cristianos, con la condición de evangelizarlos.
Aquí se estableció formalmente la base de lo que hoy se conoce como la Doctrina del Descubrimiento, un principio que negaba la soberanía plena de los pueblos originarios por el simple hecho de no ser cristianos.
Este marco jurídico-religioso fue aplicado durante todo el siglo XVI, incluyendo la conquista de México-Tenochtitlan entre 1519 y 1521.
La caída de Tenochtitlan y el inicio del colapso
Con la caída de México-Tenochtitlan en 1521, comenzó un proceso de devastación profunda. No fue solo la derrota de una ciudad, sino el colapso de un sistema civilizatorio completo.
Durante el siglo XVI, millones de indígenas murieron a causa de:
Guerras de conquista
Trabajos forzados bajo el sistema de encomienda
Epidemias introducidas desde Europa
Destrucción deliberada de templos, códices y centros de conocimiento
Todo esto fue justificado bajo la idea de que se trataba de pueblos “sin la verdadera fe”.
El debate que no detuvo la tragedia
Incluso dentro de Europa surgieron voces críticas. Bartolomé de las Casas denunció los abusos y defendió la humanidad de los pueblos indígenas. En contraste, Juan Ginés de Sepúlveda argumentó que la guerra era legítima, pues consideraba a los indígenas inferiores.
Francisco de Vitoria, desde la Escuela de Salamanca, reconoció que los pueblos originarios tenían razón y organización política, pero nunca cuestionó plenamente el derecho europeo a intervenir.
El debate existió, pero no detuvo la maquinaria colonial.
Conclusión: no fue ignorancia, fue conveniencia
Reducir la cosmovisión mexica a “politeísmo pagano” no fue un simple error intelectual. Fue una herramienta ideológica funcional al poder.
Esa clasificación permitió a la Iglesia y a las coronas europeas dormir con la conciencia tranquila mientras se destruía un continente entero.
Corregir esta narrativa no es radicalismo ni indigenismo ideológico.
Es justicia histórica.
Bibliografía
Fuentes primarias
Alejandro VI, Inter Caetera (1493).
Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552).
Francisco de Vitoria, Relectiones de Indis (1539).
Fuentes académicas
León-Portilla, Miguel. La filosofía náhuatl. UNAM.
Pagden, Anthony. The Fall of Natural Man. Cambridge University Press.
Zavala, Silvio. La filosofía política en la conquista de América. FCE.
Dussel, Enrique. 1492: El encubrimiento del Otro.